La primera declaración de interés para La Pandorga, que fue la de carácter regional, se consiguió rápidamente, en el 85, pero ya han pasado 40 años y aún se resiste la declaración nacional de interés turístico para la fiesta considerada más popular de la ciudad. Perseguida, la declaración y el título por el Ayuntamiento, como si fuese la panacea para la ciudad, en este año 2025 tampoco ha sido posible. Creo, sinceramente, que muchos están valorando el título y la declaración de interés turístico nacional más que a la propia fiesta y, posiblemente, entre el purismo que unos interpretan para La Pandorga y la innovación que otros pretenden, se encuentre el dilema de la evolución de la fiesta que lleva anclada década en los mismos actos en torno al Pandorgo. La falta de declaración de interés turístico no debería de ser un problema si la fiesta se arraiga en la ciudad y sirve para seguir rescatando costumbres y tradiciones populares sin aislarse del resto de las costumbres y fiestas de la vida local.
Es de reconocer, y mucho, el trabajo y merito inicial en la década de los 80 para revivir una fiesta tan local, donde, desde unos canticos a la virgen, se intenta establecer un orgullo de pertenencia a la ciudad al mismo tiempo que un sentimiento regional inexistente. Y, todo ello, en un momento de creación de una nueva región con autonomía política donde nada tenían que ver Ciudad Real con Guadalajara, por ejemplo. Siento ser cruel, pero la Pandorga ha vivido los últimos cuarenta años del éxito de un concurso de limonada que atrae a miles de jóvenes y a rebufo de una Asociación de Pandorgos, sin que se hayan cuidado, es más, sin que se hayan estudiado siquiera detenidamente, otros aspectos de la fiesta local como: el traje, el folclore, la gastronomía o, incluso, el propio sentimiento religioso plasmado en una ofrenda cada día más empobrecida, que pongan en valor unas costumbres locales comunes a mucha más gente.
Es muy posible que este año, donde ha resultado elegido un Pandorgo joven, cuarenta y cinco años, procedente de una asociación que ha continuado cuidando la tradición y que además es consorte de una ex dulcinea, buen comunicador y amante del folclore y tradiciones locales, en todas sus vertientes, sea el año de inicio de cambios profundos y así lo espero por el interés de la propia fiesta y de la figura que representa.
La evolución de la Pandorga no es el crecimiento en actos ligados a su nombre. Se podrían celebrar actos lúdicos y festivos todos los días de julio y agosto, de cualquier índole, meterlos en el programa de fiestas de La Pandorga, pero eso no será la Pandorga de 2025. La fiesta de La Pandorga no es la sucesión de actos organizados y puestos en un programa, negro sobre blanco, unidos al nombre de Pandorga y a una fecha, sin conexión entre ellos, de tal forma que parece que la fiesta crece en extensión y en organización siempre con el ánimo de conseguir una declaración de interés turístico nacional. Pero, mientras que los actos que se organizan no sean consecuencia directa del sentimiento en el cual se arraiga la fiesta de La Pandorga estos no tienen más valor que el de cualquier otra actuación cultural o festiva realizada a lo largo del año.
Tuve la suerte de estar y participar, directamente, desde la corporación municipal en la proclamación del primer Pandorgo de este nuevo formato de Pandorga en el año 80 del siglo pasado y en los once siguientes – uno se hace mayor viendo pasar el tiempo por esta ciudad – y el resto de años, hasta el número 45 que se proclamara este 31 de julio, los he vivido desde la distancia, pero con el interés por hacer que La Pandorga sea la fiesta por excelencia de la ciudad, lo cual me otorga cierta capacidad para hablar de ella, de sus orígenes y de su resurgir, y de cómo no ha evolucionado en cuarenta y cinco años.
Muchos ciudadrealeños, unos ausentes, desgraciadamente, y otros presentes han contribuido en 45 años a dar forma a la Pandorga. Desde compañeros de bancada, Rafael Romero y Javier Naharro, uno responsable de festejos y otro de cultura en los años 80, que interpretaron el manuscrito de Tomas del Valle para hacer el primer guion oficial del acto de proclamación de Pandorgo, hasta historiadores locales, apasionados del folclore y las tradiciones, como Rafa Cantero, han interpretado la fiesta, pero es, y ha sido, la Hermandad de Pandorgos, desde su particular atalaya, quien marca los límites de una fiesta donde el protagonismo se lo reservan para ellos mismos, antes incluso que la devoción mariana que dicen profesar, sin que les interese el folclore, el traje regional, la gastronomía, y/o el amor a la ciudad que dicen representar. Simplemente existe postureo porque detrás de la Hermandad no hay nada serio y riguroso.
Después del manuscrito encontrado por Tomas del Valle con la figura del Pandorgo la fiesta se fue organizando, desde sus orígenes, bajo la perspectiva de un grupo folclórico local llamado Mazantini, grupo al que pertenecían el concejal de cultura y festejos de la época, y, curiosamente ahora el actual Pandorgo pertenece a otro similar. Después de aquella interpretación y desde la creación de la Hermandad de Pandorgos, compuesta exclusivamente por quienes han ostentado previamente el título, son estos últimos quienes otorgan el marchamo de autenticidad de la fiesta y donde sin su presencia parece que no hay Pandorga.
El folclore, las tradiciones y las costumbres locales son un objeto legítimo de conocimiento de las raíces locales y su estudio e interpretación puede y debe de abordarse desde diversas perspectivas y no exclusivamente desde una asociación exclusivamente masculina y arcaica, cerrada y con una estructura basada en la subvención municipal y la ayuda pública.
Mientras La pandorga no sea vista e interpretada como un objeto social de todo el pueblo que pueda generar satisfacción a la mayoría de los ciudadrealeños, al margen de su participación o no en la misma, incluyendo en ella, de forma repetida a lo largo del año, la conservación de todo el patrimonio cultural, religioso, gastronómico, folclórico, incluso arquitectónico, no será una fiesta plena destinada a representar a los ciudadanos. Si La Pandorga no evoluciona, si sigue siendo una fiesta a rebufo de un concurso de limonada, con una endogámica Hermandad de Pandorgos, la declaración de interés no aportara nada. Un deseo para el Pandorgo de hogaño: ánimo y adelante con el estudio de las tradiciones porque quienes interpretaron la pandorga desde el grupo Mazantini en el 80 hubiesen visto la necesidad de la evolución de la fiesta.


