La parábola se utiliza en múltiples facetas de la vida humana, yo la escuche a un compañero de empresa para poner de manifiesto como el transcurso del tiempo, la lentitud y la falta de visión, pueden puede terminar jodiendo un proyecto de trabajo y/o de equipo. La parábola o teoría, de un filósofo Franco-suizo, Olivier Clerc, viene a poner de manifiesto que si pones una rana en una cazuela en agua hirviendo saltará de inmediato, pero si la pones en una cazuela y le vas subiendo la temperatura lentamente morirá por quedarse inmóvil.
Cuando las cosas suceden lentamente hace que no seamos capaces de advertir los cambios y entonces no hay reacciones. Esto sucede en la ciudad en muchos servicios municipales, especialmente los privatizadas en su gestión, donde además le es difícil de intervenir al propio Ayuntamiento por estar los contratos sujetos a pliegos de condiciones cerrados. Y, como los contratos son a tan largo plazo, algunos superan incluso los veinticinco años, los cambios se van sucediendo en el tiempo, sin que puedan advertir que cuestan mucho más dinero del previsto y que la eficacia no es la esperada, pero también sucede en la provincia en los planes y actuaciones de la Diputación Provincial y en el resto de administraciones.
En el caso de la capital algunas veces cuesta trabajo saber para que elegimos a los representantes municipales dado que la prestación de los grandes servicios al ciudadano está en manos de las empresas privadas por largos periodos: transporte urbano, aparcamientos, electricidad, agua, alcantarillado, jardines, recaudación, residuos. etc., y de los que hablaremos otro día de forma más pormenorizada. Muy poco le queda a este Ayuntamiento que gestionar con el actual modelo de gobierno heredado de corporaciones anteriores, y que el PP ha dado por bueno, asumiéndolo para sí mismo sin realizar nuevas propuestas o alternativas.
Pero, si en la prestación de los principales servicios municipales es difícil de intervenir por haberse ido definiendo a lo largo de años y con escasas posibilidades de modificación, ya no digamos en aquellos aspectos que condicionan la vida laboral y económica de la ciudad o provincia como puedan ser el Hospital General, El AVE y La Universidad, desde el lado público fundamentalmente, pero también en proyectos privados como el aeropuerto. Sobre cualquiera de ellos, tal y como se ha ido desarrollando la legislatura, será difícil de mejorar porque los responsables locales y provinciales están a verlas venir. Simplemente van aceptando los cambios, sin propuestas alternativas, con el riesgo de que suba la temperatura del agua y cuando se quiera reaccionar ya sea demasiado tarde.
Ciudad Real en 1.983, cuando se inicia la andadura autonómica, era la mayor provincia de la Región, y, a día de hoy, Toledo la supera en 250.000 habitantes. Si se hace un somero análisis del crecimiento de Toledo han intervenido muchos factores, por supuesto la capitalidad, pero además están las nuevas infraestructuras, la cercanía con Madrid, los transportes públicos como el AVE, la creación de empresas, una planificación regional, la vivienda, la universidad, etc., no obstante, mientras una provincia crece económicamente, la otra, Ciudad Real, ha perdido 40.000 habitantes en los últimos quince años. El agua se calienta lentamente y no hay reacción.
Por ejemplo: si miramos a la Universidad y al campus de Ciudad Real, uno de los motores de desarrollo de la capital y de vital importancia para la provincia, y vemos la estadística histórica de los alumnos de la UCLM en los últimos quince años, el campus de Ciudad Real ha perdido 2.300 alumnos. Para hacernos una ligera idea de esta magnitud, la UCLM tenía en el curso 2011/ 2012 la cantidad de 29.710 y en el 2024 cerró con 27.454, en catorce años ha perdido 2.344 alumnos en toda Castilla la Mancha. Pues bien, en el 2011/2012 Ciudad Real tenía 9.646 alumnos y en el 2024 cerró con 7.372. Es decir, el campus de Ciudad Real ha perdido 2.274 alumnos y los otros tres campus conjuntamente solo han perdido 70 alumnos. Toledo, como es normal ha crecido convirtiéndose en el campus con mayor oferta y mas estudiantes.
Algo parecido sucede con otro motor económico como el AVE, uno de esos atributos que hemos creído que serían el maná divino de la ciudad contribuyendo al desarrollo y a su crecimiento, especialmente con el AVE en minúsculas que da servicio a Ciudad Real y Puertollano, el Avant. Los cambios que se han ido introduciendo, primero en la prestación de los servicios mediante las pequeñas modificaciones de salas club, prensa, cafetería abordo, material rodante, compromiso de puntualidad y después en los precios, abonos, flexibilidad, horarios, frecuencias, etc., etc., han ido modificando el servicio de tal forma que ha dejado de ser atractivo para conmuters y viajeros frecuentes que habían decidido apostar por Ciudad Real. Se ha deteriorado como servicio público que es como se concibió en sus inicios y la mayoría de las instituciones interesadas no lo han visto venir o lo han dejado pasar.
Las incidencias diarias y la falta de puntualidad, sumado a otros problemas como el precio de los abonados, la vivienda o los sueldos mileuristas, fueron el caldo de cultivo perfecto para crear la desconfianza en el servicio y en la ciudad. El agua se fue calentando y la rana, que se quedó inmóvil, no reacciono y está en la cazuela sin saber porque no puede moverse.
El actual Ayuntamiento y la Diputación Provincial acabarán su legislatura sin liderazgo, sin aportar alternativas de mejora en la capital y en la provincia y les habrá pasado desapercibido la perdida de alumnos en el Campus o el deterioro del transporte en AVE, aunque hayan protestado con la boca chica. Como, igualmente, la Diputación ha sido incapaz de presentar una propuesta alternativa que saque al aeropuerto de su letargo.
La temperatura del agua en la capital y provincia sigue subiendo y si no hay una reacción inmediata y contundente seguiremos siendo una ciudad envejecida, en estos momentos más empobrecida que nunca, y, además, sin propuestas que aporten valor para los ciudadanos que viven en ella. La despoblación era el principal caballo de batalla de la Diputación y la capitalidad, como señal de liderazgo, en el Ayuntamiento, y no parece que haya muchas ideas innovadoras.
Una reflexión para el actual gobierno local y provincial: no se puede apelar al sentimiento de capitalidad desde el más rancio provincianismo económico y cultural. Ya me entienden…


