En tanto en cuanto se sustancia que será del solar donde se encuentra el viejo Hospital de Alarcos, si un espacio abierto y verde para el disfrute de la ciudad o se recalifica y se convierte en viviendas, que ese es otro debate, sería urgente y necesario que se acometiera la demolición del mismo por parte de la administración propietaria y que es la Tesorería General de la Seguridad Social. Al parecer, hasta la fecha, los intentos por parte de anteriores munícipes en realizar un convenio para su cesión y uso han resultado infructuosas al margen del prometido uso para incorporarlo a la ciudad como zona verde.
Es más, a la vista de los resultados y conversaciones de los últimos meses, desde que llego García Page y su Consejero de Fomento para inaugurar el Palacete de Cruz Roja, con la propuesta de hacer un nuevo centro de salud en el edifico, también cerrado durante años, de la calle Postas, trasladando el actual centro de salud de Pio XII y con la propuesta de construir viviendas donde está el viejo hospital, ha sido todo una maniobra política y una cortina de humo para evitar el pago y no soportar los costes de demolición y restauración de ambos edificios, el de Calle Postas y el de Pio XII. Uno es propiedad de la junta y el otro de la Tesorería, pero uno debía de estar en el suelo, en solar hace ya muchos años y el otro restaurado por ser un edificio protegido. La propuesta de cambio del centro de salud de Pio XII a la calle Postas y la recalificación de los terrenos de Alarcos es para compensar los costes de demolición de Pio XII y el acondicionamiento del de la Calle Postas y que entre ambos puede suponer la friolera de más de 15 millones de euros.
En noviembre de 2025 se cumplirán veinte años del traslado y cierre del viejo hospital y ahí sigue, en pie, formando parte del paisaje del barrio de Pio XII y de la ciudad como si nada hubiese cambiado en todo este tiempo. Obras, son amores y no buenas razones, dice un refrán castellano, y las obras de demolición no llegan aun después de ser prometidas y anunciadas durante años. Incluso, formo parte del plan estratégico Ciudad Real 2025. Es más, se ha producido una regresión al pasado, tanto en el uso, como en su demolición, se ha retrocedido en el tiempo y ahora vuelve a estar la ciudad, el Ayuntamiento, negociando con la Tesorería sin saber cuándo se llevará a cabo la demolición del edificio y sobre la mesa los costes de la misma y su compensación con una recalificación de los terrenos para vivienda.
El otro edificio, el de la antigua delegación de sanidad, propiedad de la Junta de
Comunidades, un edificio protegido urbanísticamente, fue cerrado en 2014 por graves riesgos estructurales, después de haberse detectado ya en el 1.993 por el Ayuntamiento severas deficiencias, pero en estos once años que han trascurrido desde el cierre al edificio no se le ha realizado ninguna obra de mejora que garantice su seguridad y ahí sigue.
Hay asuntos que claman al cielo y este es uno de ellos. Merece la pena hacer un repaso por la hemeroteca local y provincial para recordar los repetidos anuncios de su inminente demolición que ponen de manifiesto la tomadura de pelo al ciudadano. Da lo mismo que sea una administración que otra, local, regional, u organismo central y en el caso del viejo Hospital de Alarcos está pendiente formalmente su demolición desde el año 2018. El Consejero de Sanidad, el Presidente del Gobierno Regional, las alcaldesas del PSOE y de Ciudadanos de las legislaturas anteriores, las Delegadas del Gobierno Regional de CLM en Ciudad Real, el anterior Presidente de la Diputación y ahora, después de años diciendo que se demuele, el actual alcalde del PP se encuentra negociando una recalificación de un suelo, en 2025, que estaba previsto destinar a zonas verdes de usos múltiples y zonas abiertas saludables, para conseguir su demolición.
Hay proyectos de la ciudad que se enquistan de tal forma que hace difícil mantener la credibilidad en los nuevos anuncios. Pero, aun es más incomprensible, como, en el transcurso del tiempo cambia el destino de un proyecto pasando de zona verde a otro de construcción de viviendas, como si la ciudad se pudiese diseñar a golpe de reunión entre administraciones en función a intereses económicos y políticos y no fruto de los intereses generales. Da lo mismo lo anunciado y prometido, todo es susceptible de modificación a posterior sin mediar ninguna explicación. Tenemos verdadera suerte de que no pase nada, en especial en el edifico de Alarcos porque veinte años cerrado es un peligro sanitario y de seguridad.
La última propuesta de construir viviendas en el solar es una maniobra de distracción para retrasar la demolición y dejar la pelota del derribo, ahora, después de años, nuevamente en el tejado del Ayuntamiento de la ciudad. Ha sido muy hábil el gobierno Regional para plantear que los costes millonarios de su derribo sean compensados con una recalificación del suelo y la mejor forma de conseguirlo es mantenerlo en pie hasta que el Ayuntamiento la acepte, y todo ello revestido del halo de construir viviendas públicas. Se comprendería que la especulación formase parte de una negociación entre un propietario particular y la administración, pero entre dos administraciones resulta paradójico. Y, aún más, cuando una de esas administraciones es la Regional.
La responsabilidad del edificio y de la demolición es del propietario del mismo y el Ayuntamiento debe de mantenerse firme.


